El Congreso de la FIFA, que finalizó ayer en Vancouver, reunió a los líderes del fútbol mundial, pero estuvo marcado tanto por la polémica como por la toma de decisiones.
La cuestión central fue la participación de Irán en la próxima Copa del Mundo de 2026. A pesar de las tensiones políticas tras el conflicto que involucra a Estados Unidos e Israel, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha confirmado que Irán competirá en Estados Unidos como estaba previsto. La decisión rechazó la solicitud anterior de Irán de trasladar sus reuniones a México.
Sin embargo, llamó la atención la ausencia de Irán en el Congreso. El presidente de la Federación, Mehdi Taj, y su delegación se retiraron después de que las autoridades canadienses en Toronto fueran arrestadas e interrogadas por presuntos vínculos con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
A pesar de que se les concedió la entrada, los informes indicaron que los funcionarios enfrentaron restricciones y finalmente decidieron irse, lo que alimentó las afirmaciones de que a los funcionarios iraníes se les negó efectivamente la entrada y aumentó las tensiones diplomáticas. Irán ahora busca conversaciones urgentes con la FIFA en Zurich para evitar mayores complicaciones.
Aparte de la geopolítica, la FIFA tomó varias decisiones importantes.
Financieramente, la organización anunció un aumento del 15% en la financiación para los 48 equipos de la Copa del Mundo, lo que refleja su sólida posición económica.
Además, Infantino reveló la demanda sin precedentes del torneo, con 500 millones de solicitudes de entradas ya registradas, diez veces más que en ediciones anteriores.
Mientras tanto, la FIFA reconoció las críticas por el aumento de los precios para el torneo de 2026 y dijo que revisará su estrategia de entradas para la Copa Mundial de 2030 en medio de la reacción de los fanáticos.
Infantino ha confirmado su intención de postularse para un cuarto mandato como presidente de la FIFA, con elecciones programadas para 2027. Su mandato estuvo marcado por la expansión, incluido el paso a una Copa Mundial de 48 equipos.
La FIFA también ha anunciado una ofensiva más dura contra el racismo en el campo. Según las nuevas reglas, los jugadores que se cubran la boca durante las entradas, a menudo visto como un intento de ocultar un discurso discriminatorio, pueden recibir una tarjeta roja, lo que indica una postura más dura ante el comportamiento ofensivo.
Las protestas fuera de la sede del congreso pusieron de relieve las crecientes preocupaciones sobre el impacto social de los megaeventos.
Activistas y trabajadores han criticado el aumento del coste de la vida, el desplazamiento de la población sin hogar y la falta de salarios justos. Los llamados a un «dividendo de la FIFA» resaltaron la necesidad de que la organización reinvierta en las comunidades anfitrionas.
También surgieron tensiones en torno al fútbol en el Congreso. El momento destacado involucró a funcionarios palestinos e israelíes, lo que refleja divisiones geopolíticas más amplias. Mientras tanto, los aficionados del Vancouver Whitecaps FC han protestado contra un posible movimiento de su club.
El Congreso de la FIFA demostró importantes avances financieros y estructurales en el fútbol mundial, pero también reveló profundos desafíos políticos y sociales.
A medida que se acerca la Copa Mundial de 2026, la FIFA enfrenta una presión cada vez mayor para equilibrar el deporte, la política y la responsabilidad social en el escenario mundial.

