«El proyecto se ubica en una zona de características únicas, ya que actualmente especies como el pingüino de Humboldt y cetáceos se encuentran protegidas, lo que reduce la tolerancia aceptable al riesgo», señala el comunicado.
Señaló además que el proyecto ignoró observaciones de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) sobre la necesidad de medir impactos en dos tipos de plantas que son fuente de alimento y hábitat para el trikahu, una especie de loro en peligro de extinción.
«No fue posible determinar ni evaluar el impacto real sobre estas especies, que desempeñan un papel importante en el ecosistema», afirmó el comité.
Pero Andes Iron dijo que cumplió con todas las normas ambientales necesarias y que el proyecto está siendo señalado, señalando al cercano puerto de Cruz Grande, al que se le otorgó un permiso ambiental.
«Esto demuestra que las objeciones a los proyectos en la zona son selectivas, mostrando un claro sesgo en contra de nuestro proyecto», dijo Andes Iron en un comunicado el martes antes de la decisión.
El caso aún podría ser apelado, extendiendo una batalla de una década que ha puesto de relieve laberintos burocráticos que pueden paralizar proyectos mientras el gobierno intenta equilibrar el crecimiento económico y la protección ambiental.
(Por Fabián Cambero, Alexander Villegas y Daina Beth Solomon; Editado por Sonali Paul)

